presentación

currículum

actividades

artículos

contacto

 

El psicologo de cabecera

ALBA EDITORIAL. Barcelona www.albaeditorial.es
 
 
Pulse aquí para volver al índice.

2 - ¿Puede cambiar una persona?

 

Cuando les propongo a mis pacientes la conveniencia de que establezcan cambios en la convivencia porque algo de lo que venían haciendo no ha dado los resultados apetecibles, me encuentro con que muchos de ellos confiesan que es imposible de modificar, como suelen decir, la propia personalidad y el carácter. Muchos están convencidos de esa imposibilidad, probablemente, por que se trata de algo heredado, que la herencia es algo indeleble. Por eso se les agrandan los ojos de escéptica sorpresa hasta que les demuestras que sí es posible, mientras otros ponen caras de pensar que se lo dices para animarlos y que tal cosa no pasa de ser un intento de sembrar esperanza para que se motiven.
 
En realidad resulta lógico esperar que quien viene comportándose y pensando de un modo determinado, considere improbable llegar a ser de otra manera.
 
SE PUEDE CAMBIAR
 
Para demostrar que lo que digo es posible lo primero que hace falta es ponerse de acuerdo en qué es la personalidad y si es cierto que es poco menos que inamovible. En efecto, la personalidad viene determinada en parte por la herencia, pero también es verdad que, fundamentalmente, es el resultado de las miles de nteracciones del ambiente que nos rodea, entendiendo por ello las personas, las situaciones,los lugares, los sucesos, la cultura, etcétera; la personalidad, pues, es el resultado de esas miles de vivencias, experiencias y aprendizajes a lo largo, sobre todo, de los primeros años de vida. Es decir; es en gran medida el resultado de nuestras conductas, y eso que hacemos en una determinada dirección va constituyendo nuestro perfil o nuestra personalidad: uno se hace pesimista pensando de forma negativa: uno se hace avaro acaparando bienes y objetos; uno se hace introvertido encerrándose en sí mismo y sin comunicarse cuando debería hacerlo.
 
No obstante, lo que llamamos personalidad también es resultado del conjunto de nuestros pensamientos, juicios y creencias. Si un ser humano se muestra extrovertido, es sobre todo porque desde pequeño se ha ido comportando como tal en miles de ocasiones; es porque ha practicado las conductas de hablar, de dirigirse a los demás en lugar de limitarse a que los demás se acerquen a él, de jugar, preguntar, responder, divertirse y reírse en compañía, de integrarse en los grupos, saludar, mostrar afecto, buscar a la gente en vez de evitarla, etcétera. El resultado de todos estos comportamientos es su sociabilidad. Añadámosle a ello que se ha esforzado en actuar de forma que se facilitasen esos comportamientos, en pensar lo bueno que es relacionarse, que los demás lo necesitan y él a los demás, en plantear que resulta estupendo ayudar a otras personas y facilitar la comunicación, que el resto de gente puede enriquecerle o viceversa, o cosas por el estilo. Su pensamiento, de esa manera, habrá estado a favor de su socialización.
 
Tal cosa puede llegar a producirse; no niego el hecho de que, por herencia, el individuo tenga predisposición a relacionarse; pero eso es una parte más. Lo importante es que lo que ha practicado ha sido la comunicación; al creer que la comunicación es positiva, se ha ido convirtiendo en un ser sociable.
 
Esto no es más que un ejemplo de que la manera de ser es fruto de los comportamientos, sobre todo, de los pensamientos que cultiva y en parte de la herencia. Así, en cuanto practicamos los comportamientos que queremos porque nos llevan en la dirección deseada, comienza a producirse y hacerse realidad el cambio, con lo cual se han sentado las bases para seguir en esa línea y poder decir que hemos cambiado.
 
Por lo tanto, a la vista de lo dicho, si una persona quiere cambiar puede hacerlo simplemente empezando a modificar los comportamientos, practicando los opuestos a los que venía haciendo y que no le convenían, o haciendo los que se corresponden al objetivo que se fije como cambio. De este modo, uno puede ser más sociable a base de practicar la comunicación y la sociabilidad, a base de hablar, mirar, acercarse, amar, admirar; preguntar, saludar informar, ayudar; tocar y todas aquellas conductas que exija la comunicación interpersonal.
 
Es la prueba del algodón, como decía el anuncio. Basta con comenzar a actuar de manera contraria a como se hacía en un área de la vida que a uno no le gusta para que, al poco tiempo, se perciba que todo es algo diferente a como era. Sólo con asegurarse de cambiar los comportamientos, que como sabe se pueden observar, oir, medir y comprobar por quienes son testigos, es suficiente para modificar en parte nuestra forma de ser. Si a eso se le añade, como guinda, una nueva actitud mental, una forma de pensar favorable a ese cambio, éste queda garantizado; en cualquier caso, con modificar las conductas externas y visibles sería ya bastante.
 
Hay quien dice aceptar que, si uno es agresivo y hostil, puede comportarse en un momento dado amablemente con alguien, aun creyendo que este acto es, además de artificial y forzado, algo puntual que no ayuda a cambiar la personalidad. Ahora bien, en el momento en que se asume que se puede modificar una sola vez la agresividad, se está admitiendo que se podrá hacerlo más veces si uno se empeña; a base de repetir esos comportamientos se logrará ser de otra manera, a pesar de que no se llegue a ser completamente diferente (ni falta que hace). Uno modificará en parte su manera de ser y los demás comenzarán a verlo también distinto. Luego se puede cambiar en parte nuestra forma de ser, que es lo que aquí se defiende.
 
Se puede cambiar nuestra forma de ser a base de sumar cambios en nuestras conductas personales y sociales y en nuestras actitudes, creencias, expectativas y pensamientos.
 
RESISTENCIA
 
Lo que sucede, y en esto si estoy de acuerdo con esas personas reticentes e incrédulas, es que en todo cambio, aunque sea de unas pocas conductas, crea una resistencia. El cambio siempre supone tal resistencia porque establecer un nuevo hábito supone un esfuerzo y todo nuestro ser nos pide, aunque nos estemos comportando de forma perjudicial para nosotros mismos, seguir actuando como lo veníamos haciendo.
 
Amparándose en ese supuesto esfuerzo, muchas personas manifiestan que no se puede cambiar nuestra manera de ser. Quizá sea una forma de admitir su falta de motivación para pagar el precio del esfuerzo que todo cambio lleva implícito.
 
Vamos a repetirlo para que quede claro. La manera de ser de una persona es, en gran medida, el resultado de miles de conductas en una dirección determinada y; por tanto, bastaría con cambiar varios de esos actos durante una temporada y con una frecuencia grande para notar que uno va sustituyendo su manera de ser por otra. Si a ello se le quiere añadir un cambio de actitud mental que favorezca el tener presentes sus ventajas, miel sobre hojuelas, pero con lo primero bastaría para comenzar a verse uno mismo distinto de forma satisfactoria.
 
Puede haber personas que difieran de este planteamiento, pero las invito a que primero prueben a aplicar este cambio y luego digan si es o no posible cambiar: ¡Porque sí es posible! Además, se puede empezar inmediatamente: no hace falta esperar a que se dé una buena situación favorable. Y además se trata de uno de los mayores privilegios que tiene el ser humano: no estamos condenados por el determinismo, por el destino a ser de una forma determinada. Nada de eso.
 
Lo que no nos hace cambiar de manera de ser es atiborrarnos de medicamentos esperando un remedio mágico que no existe. La magia radica en cambiar las actuaciones que a uno le perjudican y experimentar el bienestar que eso supone. "Fake it until you make it", dicen los ingleses, "finja hacerlo hasta que lo haga", y yo añado que, cuando lo haga, su estilo acabará siendo acorde a esas conductas modificadas. Algo parecido dicen los irlandeses, "somos la canción que cantamos", o lo que es lo mismo, "somos como nos comportamos", idea que se analiza en otro capítulo del presente libro. De todas formas, ya dijo William James que si uno desea sentirse de una determinada forma debe empezar por realizar conductas acordes con la emoción deseada. No hay que esperar a sentirse alegre (por ejemplo) para actuar con alegría.
 
SE REQUIERE CONSTANCIA Y MOTIVACIÓN
 
Aunque no necesitamos miles de horas de entrenamiento en las nuevas acciones que nos proponemos, ni tampoco miles de horas de reflexión sobre el cambio, sí que es preciso, para empezar a notar y asegurar buenos resultados, practicar de modo constante, sin extrañarnos de que, a pesar de que el tiempo pase, nos siga costando mantener en vigor ese cambio. Nadie niega tal cosa, pero eso es harina de otro costal.
 
Naturalmente, a esta constancia debería acompañarla una motivación alta, una elevada determinación de cambio, un deseo ardiente y un elevado interés. No es sólo cuestión de tiempo y práctica; si siempre se hacen las cosas de manera forzada y sin poner el debido esfuerzo, es más que probable que desistamos en poco tiempo.
 
Este canto optimista sobre el cambio posible es para que lo escuchen los deprimidos, los estresados, los ansiosos, los acomplejados, los introvertidos y los fóbicos, los inseguros y los indisciplinados, entre otros muchos que sufren porque son como no quisieran ser. Es para todos aquellos que quisieran mejorar y disfrutar con ello de un mayor bienestar personal. Y también para los escépticos.
 
NO RETRASAR EL CAMBIO
 
Hay personas que aceptan que se puede cambiar pero van dándose largas, poniéndose excusas que les hacen ir retrasando la decisión, casi siempre por la incomodidad que supone romper los viejos hábitos. Durante este aplazamiento optan por dar muchas vueltas y analizar de forma interminable los pros y contras, ver qué pueden hacer presentando excusas que justifiquen su bloqueo. Lo mejor, en cualquier caso, es decidirse cuanto antes a hacer las enmiendas que procedan. Aunque siempre hay excusas aparentemente razonables, la verdad es que los cambios hay que empezar a hacerlos en cuanto uno advierte la posibilidad de llevarlos a término; sobre todo si, por retrasarlos, se acentúa el deterioro. Así pues, lo que se precise hacer, que sea cuanto antes.
 
¿PRIMERO CONOCERSE Y LUEGO CAMBIAR?
 
He tenido muchos pacientes que acudieron con la mentalidad de que venían a conocerse, como aquellos que se sometían a la terapia psicoanalítica - al menos en mis tiempos -, con ánimo de saber a qué causas inconscientes se debía su forma de ser y comportarse.
 
Confieso que esta mentalidad proviene de aquella corriente que hablaba de cómo el ser humano tenía que conocerse bien para entenderse y poder cambiar después. Yo mismo, que me sometí a la terapia psicoanalítica nada más terminar la carrera, lo hice con dicha mentalidad hasta que vi que el planteamiento no era nada práctico: uno se entretenía intentando conocer su inconsciente mientras el tiempo iba transcurriendo sin cambiar lo que era perjudicial.
 
Y no es que uno deba renunciar a conocerse, pero se puede hacer al mismo tiempo que tratar de cambiar lo que no nos sirve, lo que nos daña a nosotros mismos y perjudica nuestras relaciones. A la vez, es posible cambiar las tendencias y creencias, la manera de ser, el estado emocional y, sobre todo, las conductas cuando éstas no resultan adaptativas. Lo importante, en definitiva, es descubrir qué estamos haciendo que nos reporte sufrimiento, lo que merma nuestra vida y nuestro rendimiento, lo que nos impide disfrutar de la existencia. Tras descubrirlo, es preciso comenzar a cambiar todo de inmediato por otros comportamientos diferentes que nos brinden ventajas.
 
Es más, uno puede saber perfectamente cómo es y a qué causas se debe y seguir haciendo las cosas como siempre, en cuyo caso ¿de qué sirve conocerse? Conocerse, sí, desde luego, pero para cambiar lo que no es útil, para modificar las partes que resultan nocivas. Esta debe ser la esencia de cualquier terapia. Si no hay cambio, de poco sirve cualquier tratamiento, pues lo que a cualquier paciente le interesa es dejar de sufrir por ser de una manera concreta; con saber cómo es, no resulta suficiente para reducir su tormento. Conocerse y cambiar al mismo tiempo, ese es el aliciente.
 
Cuando uno se dice a sí mismo que no puede cambiar; hay que quitárselo de la cabeza. Es una postura cómoda y conformista. Se puede cambiar siempre algo mientras estamos vivos. Lo importante es saber en qué dirección hacerlo, llevarlo a cabo y perseverar en el intento esperando a recoger los frutos.

A educar también se aprende

Clic para más información.

Guía práctica y utilísima para resolver las dudas de los padres y saber cómo educar a sus hijos en estos tiempos.

Tiene un apéndice sobre "modelo de autoexamen" para que los padres sepan si están actuando correctamente o no y un capítulo especial sobre "hiperactivos".

356 páginas.

Cómo vivir relajado - Cómo dominar el estrés

Audio cd no disponible a la venta.

Estrategias para vivir mejor

Clic para más información

Estrategias para vivir mejor nos plantea de forma novedosa cómo abordar los problemas cotidianos de una manera exitosa y plena.

Su lectura constituye un impulso de energía y nuevas formas de sentirse estimulado para disfrutar de la vida cotidiana.
 

269 páginas.

El arte de las relaciones personales

Clic para más información

El que sabe relacionarse bien es más feliz y más exitoso. Si quiere saber la forma y claves para mejorar sus relaciones en la familia, la pareja, el trabajo y en general, aquí las encontrará.

También aprenderá a defenderse de los malos tratos psicológicos y a reaccionar ante todo tipo de acoso.

318 páginas.

Bienestar emocional

Clic para más información

¿Disfrutas de todo lo que te ofrece la vida? ¿O pierdes oportunidades porque te centras en lo que no puedes hacer en lugar de alejar los pensamientos negativos?

Este libro te muestra cómo deshacerse de tus lastres emocionales, calmar tu ansiedad por el futuro y disfrutar de la serenidad y la felicidad del momento presente.
 

Vivir sin estrés

Clic para más información

El estrés es parte de nuestra vida cotidiana, no se puede evitar. En dosis controladas, puede ayudarnos a pensar más deprisa o a funcionar mejor, pero de otro modo conduce a problemas físicos y mentales.

"Vivir sin estrés" es una guía práctica para cambiar la manera de pensar y el estilo de vida que causan unos niveles de estrés perjudiciales.



© Miguel Silveira - Reservados Todos los Derechos.